Las reflexiones de Fr. Juan Manuel
Progreso integral (Febrero 2010)
Pero, al mismo tiempo, el siglo XX también pasará a la historia como el siglo de la pérdida de la dignidad humana. Nunca se han cometido tantos crímenes contra la humanidad de forma tan generalizada y a nivel mundial.
Falso concepto de desarrollo. Por un lado avance vertiginoso y por otro lado un retroceso progresivo. Avances materiales y retroceso en el desarrollo y dignidad de la persona.
El modelo de desarrollo actualmente vigente trata de promover casi exclusivamente el progreso material, descuidando el crecimiento de la persona. “Para que el desarrollo sea auténtico debe ser integral; es decir, promover a todos los hombres y a todo el hombre” (PP, 14) y no sólo una parte. Pablo VI resume su pensamiento sobre el desarrollo humano en una frase lapidaria: “hacer, conocer, tener más para ser más” (PP,6)
Globalización. El modelo de desarrollo, centrado en la técnica y en la producción, ha sido asumido prácticamente por todos los países del mundo, no sólo en sentido geográfico, sino como modelo a seguir en todas las esferas de la actividad humana: política, economía, consumo, ropa, comida, modo de relacionarse; las costumbres, afecta a la moral, a la familia y también la religión. Los modelos de conducta son exportables a todos los países sea cual sea su nivel de desarrollo. Es el error de los países menos desarrollados en la técnica, tratar de copiar a los países más desarrollados.
Los medios de comunicación social. Los grandes capitales se han adueñado de los medios de comunicación social (radio, televisión, prensa) para usarlos como medio de adoctrinamiento y así crear una opinión favorable. Es un hecho ¿Conocen en República Dominicana, algún periódico, alguna emisora o algún canal de televisión de circulación nacional que no sea propiedad de un gran empresario o de un grupo económico?
Nuevo concepto de ser hombre. Las noticias están manipuladas, pues resaltan los sucesos que favorecen al sistema y cuenta a medias las opiniones y sucesos que le critican. A través de una propaganda muy atractiva de los productos se transmite un nuevo concepto de lo que es ser hombre o mujer de nuestro tiempo. Y, sin darnos cuenta, vamos interiorizando un tipo de hombre o de mujer: despreocupado, irresponsable, alegre, metido en fiestas, insensible a los problemas de la humanidad, interesado únicamente en pasarlo bien. La imagen del hombre de hoy, de la mujer moderna, depende de la posesión y del uso de los “bienes” que nos presentan: bebida, un carro, culto del cuerpo, lujo. La imagen del ser humano, como persona, con derechos y deberes, que se esfuerza por dar sentido a su vida no aparece por parte.El consumismo. Nos han enseñado a comprar cosas inútiles que nos presentan como una necesidad vital. Y nosotros hemos aprendido muy bien la lección, pues, si no tenemos esas cosas o no las podemos comprar, nos sentimos vacíos, como si nos faltara algo fundamental. Hemos renunciado a pensar y elegir por nuestra cuenta, con criterios personales y nos hemos convertido en consumidores. Ellos saben lo que necesitamos para ser felices y nosotros nos dejamos llevar.
Cristo modelo para el ser humano. El modelo concreto del ser humano es Jesús de Nazaret. De ahí la necesidad del anuncio del evangelio, de la persona de Jesús.
En medio de este bombardeo contra la autonomía y la dignidad de la persona humana ¿es posible aceptar a Jesús de Nazaret, que no conoció la TV, ni usó celulares, ni se paseó en “yipetas”, como el “camino, la verdad y la vida” (Jn 14, 6), como referencia para de todo hombre o mujer?
En nuestro ambiente sigue teniendo vigencia lo que pide san Pablo a la comunidad de Roma: no sigan la corriente del mundo en que vivimos; más bien cambien su manera de pensar si quieren saber cuál es la voluntad de Dios; es decir, lo que es bueno, lo que es agradable, lo que es perfecto (cf Rom 12, 2)
Cambiar la idea que tenemos de lo que significa ser hombre; crear una conciencia crítica que nos permita ver lo bueno y lo malo, lo conveniente y lo perjudicial en la propaganda en los medios de comunicación social. Necesitamos volver a pensar y a actuar de acuerdo a los criterios del evangelio y hacerlos nuestros.
La gran tarea de la pastoral.
Estamos en el nacimiento de una nueva cultura y corremos el peligro de que la figura de Jesús y el ideal de vida cristiana sean rechazados por considerar que se oponen al modelo de vida humana y su desarrollo que ellos nos proponen como único medio para ser felices. También fue así en los dos primeros siglos del cristianismo.
Hubo épocas de la historia en que la Iglesia centró el desarrollo humano, la vida cristiana en obras de piedad y en prácticas religiosas. La preocupación por la persona como ser integral se diluyó notablemente. La vida diaria, los bienes necesarios para vivir quedaban un poco al margen. Y la lucha por conseguirlos aparece con frecuencia como un peligro para la salvación. La ayuda a los necesitados quedaba reducida a la limosna. Bastaba la fe, la confianza en Dios, el cumplimiento de las obligaciones religiosas para ser persona perfecta.
Con el Vaticano II la Iglesia vuelve a considerar el desarrollo del ser humano como una necesidad y como una exigencia de la misma fe. Pero debe ser un desarrollo integral, que abarque tanto el aspecto material, la producción de bienes necesarios para la vida, como la atención y promoción de valores superiores.
“Es la persona del hombre la que hay que salvar; es la sociedad humana la que hay que renovar; es, por consiguiente, el hombre, pero el hombre todo entero, cuerpo y alma, corazón y conciencia, inteligencia y voluntad” (GS 3).
El anuncio del evangelio no se logra si lo reducimos a la promoción de obras piadosas y a prácticas religiosas. Se insistió (¿se sigue insistiendo?) demasiado en el aspecto cultual y, sin negarlo expresamente, se ha descuidado la dimensión corporal de la vida humana. Basta la fe, decimos. Pero no es así. Por algo el sínodo de los obispos de 1971 declara que la lucha por la justicia y la promoción humana son partes integrantes (esenciales, decía el texto original) del evangelio. Es necesario “crecer en humanidad, valer más, ser más” (PP. 15) Cuerpo y alma son partes esenciales del ser humano y el desarrollo debe atender a las dos dimensiones.
Por otra parte el desarrollo humano no se cierra en la promoción del bienestar individual; tiene una dimensión colectiva.
Fr. Juan Manuel Pérez op
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