Las reflexiones de Fr. Juan Manuel
Riqueza inicua (Septiembre 2010)
“Todos queremos más”. Así se llamaba una vieja canción popular que ya no se oye, aunque su mensaje se vive día a día con mayor intensidad.
Todos queremos más (ter) y más y más y mucho más.
El que tiene un peso quiere tener dos;
el que tiene cinco quiere tener diez;
el que tiene veinte busca los cuarenta
y el de los cincuenta quiere tener cien.
Todos queremos más. Algunos, no tantos y cada vez menos, antes que tener más, quieren ser más. Ser más honrados, más justos, más responsables, más solidarios, ser mejores. Pero la mayoría prefiere tener más; duplicar lo que tienen, según dice la canción, y seguir multiplicándolo en una espiral sin fin. El deseo desbordado del dinero se llama codicia. Tener y tener cada vez más es dar al dinero o, lo que es lo mismo, a la riqueza valor supremo y absoluto, que sólo corresponde a Dios.
¿Cómo lo ve el evangelio? El evangelio de san Lucas trata el asunto del apego al dinero en la perspectiva de la idolatría (Lc 16, 9-13) Lo dice expresamente: “No pueden servir a Dios y al dinero” (v. 13)
Siguiendo el modo de hablar de entonces llama al dinero “mammona”, que se consideraba como un regalo de Mammón, el dios del dinero. La riqueza sería fruto de la idolatría, del culto a un ídolo. Por otra parte, el evangelio la califica como “mammona de iniquidad” (v. 9) Iniquidad significa desigualdad no debida y, por lo mismo, injusta, porque hay desigualdades que no son ni justas ni injustas. Por ejemplo, desigualdad en el sexo, en la estatura, en el peso, en la nacionalidad. En estos y en otros muchos casos no cabe hablar de injusticia. Pero hay desigualdades indebidas y, por lo tanto, son injustas. En esta categoría está la desigualdad entre ricos y pobres.
(Nota: A continuación, en vez de “mammona de iniquidad”, usaré la expresión “riqueza injusta”, pero sin olvidar el significado y alcance que tiene en el evangelio)
Riqueza injusta ¿por qué? Algunos comentaristas dicen que la riqueza es injusta porque fue conseguida con malas artes; por robo. Otros dicen que es injusta, porque fomenta el orgullo y otros vicios. Santo Tomás de Aquino va más al fondo del problema y afirma que “toda riqueza, sin importar su origen, es siempre riqueza injusta, porque no está distribuida equitativamente, habiendo unos a quienes les sobra, mientras otros carecen de lo necesario” (II-II,32,7 ad 1) El destino natural de los bienes es cubrir de las necesidades de la población y no la acumulación o el acaparamiento en pocas manos. Es uno de los principios fundamentales de la doctrina social de
No deja de ser significativo que el evangelio hable de la “riqueza injusta” comentando la parábola del administrador infiel. Es decir, somos administradores y no dueños de los bienes. Lo indica también la petición del padrenuestro: “danos hoy nuestro pan de cada día”. Si pido que nos dé “nuestro” pan, estoy reconociendo que no es mío y sólo para mí, sino que es el pan nuestro, que hay que repartir.
La codicia es una idolatría (Col 3,5), que está prohibida con fuerza e insistentemente en
¿Por qué esta doctrina no es aceptada? Esta es la doctrina oficial de
Las primeras comunidades cristianas sí la pusieron en práctica y actualmente en
La práctica de compartir los bienes con los otros supone una vivencia comunitaria; que somos miembros de la gran familia humana y que hay que compartir. Yo creo que no se hace el esfuerzo necesario para que los fieles tomen conciencia de ello. Habría que comenzar por la familia donde la atracción de la sangre inclina a compartir equitativamente los bienes. En el ámbito de la comunidad cristiana habría que insistir más en la catequesis y en la predicación sobre el destino natural de los bienes para que los fieles se convenzan de que hay que compartir. Es muy frecuente el gesto de Jesús de partir y compartir: el pan, los peces, su cuerpo. Todos tenemos que aprender a conjugar los verbos partir, repartir, compartir.
La solución del evangelio. La riqueza injusta impide la salvación. El evangelio ofrece a los ricos cómo salir de la riqueza injusta y así poder salvarse: “Háganse amigos con el dinero injusto para que, cuando les falte, los reciban en las eternas moradas” (v 9) Para que los reciban ¿quiénes? Los pobres, porque de ellos es el Reino de los cielos (Mt 5,3) ¿Uno se hace amigo de los pobres dando limosnas? Desde luego, pero no basta porque la raíz de la iniquidad sigue, a no ser que se dé todo en limosna. Si no somos dueños, sino administradores de los bienes, la solución estará en administrar la riqueza diligentemente y con responsabilidad a fin de que redunde en bien de todos. Como hizo aquel señor, ya mayor. Con el dinero, que tenía depositado en el banco produciendo intereses sólo para él, montó una pequeña fábrica de clavos para dar trabajo a 12 padres de familia.
Es posible que alguno piense ¡qué bien les viene a los ricos este evangelio! Pero el evangelio no es una piedra para descalabrar a otro. Este texto del evangelio sobre la riqueza injusta vale para todos y también para los pobres. Hay mucha gente pobre que busca por todos los medios llegar a ser ricos. Confían en la suerte, gastan dinero en la lotería, consultan adivinos y horóscopos, hacen combinaciones con los números, prometen dar participación a sus santos si les toca la lotería, etc. En el fondo, todas estas prácticas es rendir culto al dios Mamón, aunque no lo mencionen ni piensen en él.
Fr. Juan Manuel Pérez op
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